En la penumbra de un rincón olvidado,
el poeta susurra a la luna,
sus versos flotan entre sombras,
como mariposas drenadas de luz.
El amor es un río que serpentea,
y él, su navegante,
se sumerge en cada corriente,
en cada suspiro que lleva su nombre.
Ama la tristeza de los días grises,
la dulzura de una mirada,
y se aferra a los ecos
de promesas que nunca se hicieron.
Su pluma dibuja un paisaje,
donde el ardor se enreda en el viento,
donde los corazones laten en armonía,
y las palabras son flores,
exhalando fragancias de lo eterno.
El amor es su musa y su tormenta,
un fuego que lo consume y lo reconstruye,
cada rima es un latido,
cada estrofa, un abrazo.
En su soledad, descubre la plenitud,
en su desvelo, la redención,
y así, entre versos y silencios,
el amor florece,
y el poeta,
un eterno buscador,
halla su hogar en el refugio de las letras.
SienaR ©