Leoness

El Despertar de la libido

Ya no me basta el asombro de la mirada distante,

ni el dibujo en el aire que rodea tu figura,

mi mano reclama su derecho de errante

sobre el relieve vivo de tu arquitectura.

 

El roce comienza donde el juicio termina,

rompiendo el cristal de mi muda oración,

mis dedos descifran la escritura divina

que vibra en el pulso de tu propia intención.

 

No hay mapa más cierto que el calor que te habita,

ni abismo más hondo que el roce de un beso,

mi piel en la tuya se vuelve infinita,

un nudo de carne, de fuego y de exceso.

 

Se funden las formas, se borra el contorno,

ya no eres paisaje, eres puerto y marea,

en el tacto sagrado no existe el retorno,

solo este incendio que el cuerpo desea.