No sé tu nombre ahora mismo, ni en qué parte del día te encuentras, pero hay algo en este instante que me empuja a hablarte.
Como si entre todas las palabras posibles hubiera una que te reconoce, aunque nunca nos hayamos visto.
Este poema no llega con certezas, no trae respuestas dobladas en el bolsillo, ni promesas que sepan sostenerse solas.
Son para ti, que tal vez cargas más de lo que dices, que sonríes donde otros no miran, que guardas preguntas como quien guarda semillas sin saber si habrá primavera.
Para ti, que a veces te sientes fuera de lugar incluso en tu propia historia, como si fueras un capítulo escrito en otro idioma.
Quisiera decirte algo simple, algo que no se rompa al tocarlo: que no todo lo invisible está perdido, que no todo lo que duele es final, que hay partes de ti que aún no conoces y ya están creciendo.
Este poema no te cambia la vida, no pretende hacerlo, pero quizás pueda acompañarte un poco, como una luz pequeña que no alumbra todo el camino pero insiste en no apagarse.
Porque estas palabras que escribo para ti, hoy más que nunca, las quiero para mí.
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Rafael Blanco López
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