Tu enigmática figura de diosa escapada del Olimpo, me hizo pensar que no caminabas sino que flotabas en el aire. Por un instante te creí una visión, un espejismo tejido por el deseo. Pero al pasar junto a mí, ese aromático efluvio de mujer anhelada disipó toda duda… y comprendí, con la certeza de lo tangible, que no eras un sueño, sino presencia viva que trastoca la realidad de cualquier simple mortal como yo...
El Huagiro