Tu piel ya no será la de ayer, tus cabellos serán blancos. Nadie se dará vuelta a mirarte, ni golpearán con rosas tu puerta o te despertarán al alba cantando.
Pero yo te seguiré queriendo, porque tu belleza está en el alma. En la tuya y en la mía, por siempre, como el canto mismo del agua.
Quizás alguien diga que estás vieja, madura como una fruta olvidada. Pero para mi eres sólo primavera, y tus años, dulces como uvas de sangre, me llevan, como tu me llevas hacia lugares sin espacio, ni horas, donde el amor callado vuela.