JUSTO ALDÚ

INDIFERENCIA O FALTA DE SENSIBILIDAD

Hay un silencio espeso en la mirada,

que pasa junto al llanto y no lo siente,

la herida abierta, al paso, es ignorada,

y se vuelve un eco mudo e inconsciente.

 

La calle arde en su fiebre abandonada,

y el pan escaso duele entre la gente,

más gira el mundo, pulcro, sin jornada,

cerrando el alma al grito más urgente.

 

Hubo aquel latido hondo en las entrañas,

un fuego que dolía en lo profundo,

temblaba al ver dolor quebrar las cañas

del ego frío que gobierna el mundo.

 

No era doctrina, ley ni torre extraña,

sino un dolor que hacía al hombre humano,

que al ver al otro herido en su campaña

sentía el peso vivo de su hermano.

 

Hoy todo es cifra, cálculo y pantalla,

dolor medido en fríos porcentajes,

la pena ajena apenas si desmaya

en mares breves de fugaces viajes.

 

Se mira el hambre como quien no la halla,

más que un rumor detrás de los paisajes,

y el niño roto en lágrima no estalla

en la conciencia muerta de los trajes.

 

¡Qué lejos queda el pulso que dolía,

la entraña abierta al llanto compartido!

Hoy la piedad se vende en cortesía

y el gesto noble yace desvestido.

 

La fe sin carne en mármol ya se enfría,

la voz sin sangre canta sin sentido,

y el verbo, antaño viva llama, ardía,

hoy es signo tan hueco y repetido.

 

Mas, bajo el polvo, late una memoria,

un resto fiel que aún no se ha rendido,

rescoldo vivo en medio de la escoria,

susurro antiguo que no ha sido herido.

 

Quizá en la grieta vuelva aquella historia

de un dolor que nos haga estar unidos,

y el mundo, al fin, rompiendo con su euforia,

aprenda a ver lo que dejó escondido.

 

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