Han pasado varias lunas desde el último poema del alma compartido.
Se podrán imaginar el sentimiento al volver a ingresar, usando un usuario y una clave que jamás se me olvidaran.
Desde aquel 2014 ha pasado mucho tiempo y, con él, la vida misma: una pandemia con todo su peso y el dolor absoluto de convertirme en adulto.
Aunque encontré consuelo escribiendo con esmero durante el aislamiento.
Hoy decidí visitar el lugar donde, hace años, salí del anonimato.
Para no hacer el cuento largo, diré que volver se sintió como el impacto de un rayo.
La garganta seca y el corazón detenido, casi al punto del infarto, al recordar aquellos años de publicaciones y comentarios.
Se me arrugó la frente y apreté los labios para no estallar en llanto al leer un nombre de usuario: Jorge A. Porras Teppa.
Mi padre, mi mejor amigo y, ahora, el ángel que me sigue cuidando.
Releí comentarios y me asombró el cariño de tantos; me emocioné con los versos Poemas de la su
Y lo nuevo Benchy43 y El poeta de la rosa. Que alegría encontrarlos.
No imaginaba cuánto extrañaba este rincón de poetas y poetizas de encanto.
Y aquí he vuelto. No sé hasta cuándo, ni si esto es solo una visita furtiva que hice sin pensarlo tanto.
Han pasado doce años y solo espero que, de poeta, aún me quede algo.