Y por si no te lo digo
No me gustaste al verte,
ni en ese cruce leve de palabras
que no dejaron nada.
No hubo señal,
ni ese instante que cambia todo.
Fue después,
cuando te escuché pensar sin adornos,
cuando defendiste lo tuyo
sin preocuparte por gustar.
Ahí empezó.
No eras fácil,
te enojabas rápido,
eras firme, a veces dura,
y aun así había algo en ti
que no intentaba ser distinto.
Porque no me enamoré de ti,
no de la idea de ti,
me fui quedando en tu forma de pensar,
en cómo sostienes lo que crees
aunque incomode.
Me gustó tu forma de ser con los demás,
no perfecta,
no siempre suave,
pero real.
Y sin darme cuenta,
empecé a esperarte en lo simple,
en lo cotidiano,
en esas conversaciones que no buscan quedar bien.
Tal vez ahí también entendí
que no todo lo que uno siente
encuentra lugar.
Pero igual me quedé.
No me gustaste al principio.
Me fuiste pasando despacio,
sin aviso,
sin promesas.
Y por si no te lo digo…
no fue ideal,
no fue fácil,
pero fue verdad.