No sé si opto por el coopto
o el esclavismo de siempre,
no sé cómo llamar
al servil traidor.
No sé por qué profesa
la fe, solamente de oscuridad sabe,
banalidad del tiempo herido
derramando sueños, impartiendo,
sintiendo el mundo pasar.
Sabiendo de lo perdido
por lo no vivido, por el miedo,
el cansancio, el hastío.
No sé si opto por el embrollo
del discurso vencido
o por la dignidad
de un pueblo partido.
Debate incoherente,
dilema dormido.
No sé mi nombre
entre el mar de intenciones,
tampoco mi destino
dentro de la marea embravecida.
No sé del gentío silente, dolor
adyacente, inhibido ante
la adversidad, se desarma
de la valía de hacerse valer.
No sé si opto por el coopto
o el esclavismo de siempre.
Hernán J. Moreyra