Anoche he recordado, sin quererlo,
un viejo sueño que nunca ha sido mío;
la voz oculta y calma del vacío,
la estéril esperanza del recuerdo.
Un sueño que ya no pertenecía
al alto balcón blanco de mi alma,
ni al hondo palpitar de mi mirada.
Tan sólo a tu preciada valentía.
Es que el recuerdo fue como un fantasma
que me cubrió la frente y la nostalgia.
Yo era cual un ave solitaria,
y tú eras el mar, la luz, y el agua.
Palabras del soñar que repercuten
aún en mi memoria no son tantas,
pero en mi corazón son como lanzas
y en largo caminar, pesadas cruces.
No fue aquel sueño mío ni un momento.
Tan sólo porque en él yo te decía
que, sin importar nada, te quería.
(Eran sólo palabras para el viento)