Mari.o

PERFECCIÓN SIN MEMORIA

—Dicen sus familiares que usted está loco. ¿Es cierto?
—No sé qué tan cierto sea.
—Dicen su esposa e hijos que usted está loco. ¿Es verdad?
—Si lo dicen ellos, puedo entender por qué. A menudo la gente confunde la memoria con el delirio.
—Dicen sus amigos y el resto de la gente que usted está loco. ¿Verdadero o falso?
—La gente habla mucho...
—¿Qué tan chiflado está usted?
—Verá, doctor, ¿que si soy el loco? Puede ser. Pero en el fondo sé cosas, y la suma de todas esas certezas me impide ser un iluso.
—¿Es verdad que usted viajó a través del tiempo?
Intrigado por la pregunta, el hombre guarda silencio por un momento mientras sus dedos tamborilean sobre la mesa.
—Es un secreto a voces. Nadie me cree. Y, de tanto que me ignoran, he decidido enterrar tal experiencia para no morir de cansancio.


—Interesado en conocer la historia, el doctor vuelve a preguntar—: ¿Podría compartírmela?
—Sin gran entusiasmo, replica—: Seré breve. Cuando tenía veintinueve años tuve un sueño fantástico —si puedo llamarlo así—. Soñé que tenía un accidente en el que moría instantáneamente. Al morir, un amable sujeto se apareció frente a mí; me explicó que yo era el pasajero que faltaba para emprender el largo viaje. Así que, sin vida en la Tierra, me subí a una especie de nave. Y me fui... Todo fue tan rápido. Mi estancia en el espacio duró siete horas con treinta y tres minutos, pero al despertar en mi cuarto, en la Tierra habían pasado cuarenta y un largos años. Volví siendo el mismo, pero irreconocible para mi familia.
—¿Y qué pensaron durante todos esos años su esposa e hijos?
—Pensaron que los abandoné. No se explicaban cómo es que seguía siendo un joven de veintinueve años. Les conté lo que me sucedió, pero jamás me creyeron.
—¿A dónde llegó? ¿Qué lugares visitó? ¿Qué experimentó durante esas siete horas?
—Durante el trayecto veía planetas. Cientos de miles de mundos diferentes alumbraban el universo como esquirlas fulgurantes en un pozo sin fondo. Nunca logré dimensionar la forma de todo aquello, pero le aseguro que es asombroso. Llegué a un planeta llamado NR7GX, aunque yo lo bauticé como Planeta Espejo; no porque se pareciera físicamente a la Tierra, sino porque estaba habitado por hombres. En la aduana de la estación espacial sellé mi pasaporte de viajero intergaláctico mientras otros de mi especie permanecían formados. Entonces me di cuenta de que la raza humanoide, además de habitar la Tierra y el Planeta Espejo, poblaba muchos otros mundos y formas. 


Acudí a una dirección que me proporcionaron en la aduana. Al salir, tomé un taxi conducido por una especie de hombre-robot con cerebro grande y ocho dedos en cada mano. Cuando llegué al domicilio, toqué la puerta y enseguida me abrió un hombre de aspecto alegre, con bigote y camisa de manga corta. Adentro había dos mujeres: una dando a luz en la cama y la otra ayudando en el parto. Parecía que me esperaban porque, sin chistar, me invitaron a sentarme y presenciar el nacimiento. Mientras aquella mujer pujaba, un golpe de confusión me asaltó: aquel hombre alegre y la mujer pariendo eran mis padres. Pregunté sus nombres y estos corroboraron mi sospecha. Indudablemente, estaba presenciando mi propio nacimiento.


—¡Increíble! —animó el doctor—. Siga contándome.
—Al salir de aquella casa, me senté en la acera a preguntarme el porqué de esta situación. En la Tierra, la dilatación temporal y los universos paralelos eran aún una teoría, pero yo estaba ahí, viviendo sus consecuencias. Me encontraba en el momento preciso para encargarme de aquel niño, para advertirle de mis errores y reparar mi mala conducta, para elegir lo que en su momento era correcto. Eran demasiadas cosas las que me animaban. Pero, por otra parte, echaba de menos a mi familia, a esa vida construida a través de aciertos y desazones. Había que elegir: mi vida, o volver a comenzar y dejar que la vanidad de querer reconstruir las cosas a mi modo superase el deseo de volver a mi día a día.


Elegí lo primero. Y cuando hube decidido, desperté. Pero no fue como hubiese querido, porque perdí demasiados años. Aun así, prefiero ser un viejo atrapado en el cuerpo de un joven que una perfección sin memoria. Prefiero esta soledad llena de verdades que un nuevo comienzo lleno de mentiras.