El experimento Ikea demuestra
Que plantas y personas
Se marchitan cuando les gritan,
Así las ponzoñas verbales
Se inyectan
Como aguijones de arañas
En los rincones,
Inadvertidas y letales,
Palabras figuradas como dagas
Dándole a las doncellas
-sus receptores-
Finales mortales, agonizantes.
Enterrada de dorso o de raíz
Podes crecer
En las direcciones que la tierra
Que te oprime te permite,
Mas jamas podrás volar,
Lejanas son las altitudes
Donde el eco colérico
No resuene,
De las manos gastadas
Y las hojas resecas
Alas no emergerán.
El experimento Ikea reafirma
Que somos un numero más,
Alguna anécdota en una lista,
Defunción por ajena, impersonal
Y mórbida curiosidad
De cuanto pudimos soportar
Hasta cruzar y estallar
La delgada linea de lo vital
Y así, nuestras lapidas
Estadística serán.
Seres y moras sangran similar,
La salvia es la sangre de la fruta,
Siempre algún sádico
Herbívoro la disfruta,
Como ríos purpuras
Decantando en la copa
De esos labios sedientos
Por crear áridos desiertos
Donde hubo oasis ceremoniales.
Los experimentadores
Jamas le avisan a los experimentados
Que son sus conejillos de indias,
Sus ciudadanos frágiles,
Sus flores mudas de objeciones,
Extendiendo sus pétalos como piernas
En ofrendas a los soles
Imponentes que las enfocan,
Las señalan con reflectores naturales,
Son durante unos instantes del día,
Elegidas por los dioses,
Y esa misma intensidad
Sonora y lumínica
Las marchita y las fulmina.
Las calles están llenas de cadáveres,
Son las hojas de otoño,
Los arándanos exprimidos,
Son los experimentos fallidos
¿Mi maceta llevará
Mi nombre verdadero
Cuando la destierren
A las fosas comunes?
Julieta Iallorenzi
23/01/2021