__ El niño y la nieve__
Había una vez un niño llamado Tomás que nunca había visto la nieve.
Vivía en un lugar donde el sol era constante y el invierno apenas susurraba su nombre.
Un día, la nieve decidió visitarlo.
Cayó en silencio, como si no quisiera asustar a nadie.
Tomás salió corriendo y, al verla, abrió los ojos como si descubriera un secreto del mundo.
¿Eres azúcar? —preguntó.
No ,respondió la nieve con voz suave. Soy agua que aprendió a volar y a caer despacio.
Tomás rió y comenzó a jugar.
Hizo bolas, muñecos y caminos blancos con sus pasos.
Pero pronto quiso más.
Quiero guardarte para siempre , dijo, apretando un puñado entre sus manos.
La nieve tembló un poco.
Si me aprietas demasiado, desaparezco.
Pero el niño no entendió.
Cerró los puños con fuerza… y cuando los abrió, ya no quedaba nada.
Tomás se puso triste.
¿Te fuiste porque no me querías?
La nieve, cayendo otra vez sobre su cabeza, susurró:
Me fui porque quisiste poseerme, no disfrutarme.
El niño levantó la mirada y, esta vez, dejó que los copos se posaran sin atraparlos.
Jugó sin apretar.
Rió sin retener.
Miró sin exigir.
Y la nieve, contenta, se quedó más tiempo con él.
Moraleja
Lo más hermoso de la vida no se puede retener sin perderlo.
Aprende a disfrutar sin querer poseer.
EmilioDR/ Abril/17/26