La tarde se inclina
como un pensamiento cansado
apoyando su luz
en los hombros del silencio.
Hay algo en su forma de irse
que no duele del todo
pero deja una nostalgia
suave… como quien no vuelve.
El sol, ya tibio
deshace su fuego en oro viejo
y el cielo guarda secretos
que no alcanzan a decirse.
Todo se vuelve
más lento
más hondo
más cierto.
Hasta el aire parece
respirar recuerdos.
Y en ese instante
cuando el día aprende a soltar
la tarde escribe en la sombra
lo que la luz no supo nombrar.