No es suave.
El silencio también arde, se acumula en la garganta como un grito sin salida, como un golpe que nunca se dio.
Romperlo es caer, es dejar que la voz se quiebre y aun así decirlo todo, aunque tiemble el cuerpo y se derrumbe la calma.
Y cuando por fin sucede, no queda paz inmediata, queda verdad, cruda y encendida, respirando donde antes solo había miedo.
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Rafael Blanco López
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