Dejo que el tiempo me lleve,
con su rumbo fijo a modo de costumbre
a un punto y aparte,
durante este viaje peligroso que nadie sabe...
Muy laboriosamente,
avanzando hacia una larga noche,
donde me quedaré allí quizás para siempre,
sin mi latido ni sangre...
Y no podré volverme,
al tiempo que ha quedado atrás, ya distante,
y lo digo francamente,
que no habrá piel ni memoria de aquello que fue...