Gabriel Hernán Albornoz

Ensueños

 

Ensueños

 

Nos amábamos. Sí, nos amábamos.

Nuevamente nuestros cuerpos pegados,

el vapor de la habitación nos acariciaba,

y de placer, con besos nos desgarramos.

Nuestras pieles fundidas y sudadas.

En un ambiente de completa felicidad

a nuestra imaginación le pusimos alas,

porque ya nadie podría separarnos,

porque solo éramos nosotros y la nada.

 

No recuerdo ni quiero recordarlo,

pero luego de un largo día de soledad

hoy vuelvo a tenerte aquí, a mi lado.

Ya no importa si todo es mentira o verdad,

pues con dulzura mi corazón has embriagado

y en mis ojos ya no hay lágrimas por esperar.

Amor ¿donde has estado?

¿En otra incierta realidad?

¿En otro doloroso sueño

como al que me has condenado?

 

¡Ho amor, vuélveme a mirar!

Si es necesario mantendré los ojos cerrados.

Pero no te eches de mi mente a volar.

Porque sin este sueño, lo sé, estaré acabado.

¡No, por favor! No quiero volver a despertar

para saber que en realidad nunca has estado.

¡Por favor sueño! ¡Vuélveme a tomar!

No permitas que crea que me has engañado,

que sigo aquí triste, en este vacío, en esta infinidad

que es más grande desde que se ha alejado.

 

¡Por favor Dios! Devuélveme la felicidad

esa que solo en sueños he alcanzado.

Quiero dormirme y no despertar jamás

No quiero despertar solo y seguir respirando

de este aire vacío que me tortura más y más.

¡Por favor Dios! Sé que es en vano

que te pida que me regreses atrás

total la perderé en el destino marcado.

Pero sí puedo pedirte al orar

que no me dejes aquí delirando.

 

¡Llévame contigo! Llévame al más allá!

Donde su recuerdo no me esté rondando.

¡Llévame! Ya no quiero esperar.

Ya no quiero vivir soñando.

Si vivir sin ella, es vivir en soledad,

no es vivir, no quiero la vida que me has dado.

Perdóname por ser tan cobarde,

perdóname eterno padre,

pero a vivir sin ella no me he animado.

 

¡Dios! Si sabes que sufro

por qué no me quitas este dolor tan oscuro,

este dolor que no puedo tener olvidado.

¡Dios mío! Si me vas a dejar en la vida

No me quites el sueño que me has prestado

y devuélveme las ganas de mirar

todo lo hermoso que has creado.

Permíteme tener conmigo

ese amor que siempre he amado.

 

Déjame conservar en mis noches

este sueño que me mantiene parado.

Permíteme como le permites a la luna

la compañía de las estrellas allá en lo alto,

como le permites a la ruta

alcanzar su horizonte más lejano.

Para que no sean tan tristes las madrugadas

y sienta de nuevo en mí las ganas

de amanecer aunque ella no esté a mi lado.

 

Autor: Elhen Amorado