Luis Erick de Jesús Ávila

Solo me había enamorado.

Ciertamente era mía, a veces me desconocía

y yo sin saberlo... ya no me pertenecía.

 

Otro cuerpo será su dueño.

Otros brazos acariaciarán su lecho...

 

La amé, es verdad, y ella... me amó entre ratos.

 

Fue tan corto mi amor con ella

que, ahora estoy en el olvido de sus gemidos...

 

No la odio; y es cierto, solamente odio el tiempo. Lo detesto.

Porque me ha arrebatado: lo que me había hecho sonreír...

 

Puse en el rocío de la noche, blanqueada por la tenue luna: una página nueva, por cada que pasa su ausencia...

 

Ella purga su sentencia dándole salvajismo

a sus deseos prohibidos...

 

En cambio yo: qué puedo decir, me he roto en mil pedazos; por el simple hecho de haberla amado...

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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