I. El derecho a la pausa
Reclamo mi derecho a la pausa bendita, a oler el perfume que el afán me robó; regresar a la raíz donde el alma habita, y ver que en la ausencia, el perdón floreció.
II. El retorno a la raíz
Me miro en el árbol y busco mi esencia, allí donde el ruido no puede llegar; curando las marcas que dejó la urgencia, aprendiendo de nuevo el arte de estar.
III. La muerte del grano
Necesito el naufragio de morir un instante, para que el trigo nuevo reviente en el sol; ser el loco lúcido, el eterno habitante, que funde sus miedos en un nuevo crisol.
IV. El niño del sueño
Temprano Recuperar la fantasía del niño temprano, que no conocía el rigor del deber; donde el mundo entero cabía en su mano, porque todo era posible al amanecer.
V. Navegante de sombras
Cruzaré la incertidumbre sin mapa ni orilla, entendiendo el idioma de mi propia tristeza; mientras el mundo gira, mi luz amarilla va trazando una forma de extraña pureza.
VI. La simiente de la tiniebla
Navegar la tiniebla para hallar la simiente, dejar de ser duda, ser puente y ser guía; cruzar el abismo con el pecho valiente, hasta tocar la costa de una nueva alegría.
VII. El vuelo del ave
Esconderme en el trino, en el alba, en el ave, y surgir de repente en un rapto de fe; hallar la compañía que la herida me lave, que despierte mis alas y me ponga de pie.
VIII. El abrazo de la alianza
Una alianza dulce que el miedo desvía, donde el abrazo sea la única medalla; donde la esperanza sea mi fiel compañía, y gane por fin mi última batalla.
IX. La entrega del límite
Tiempo para decirte: \"Señor, ya no puedo\", deja que lo que escapa, Tu mano lo sostenga; arranca el reproche, transmuta mi miedo, y que Tu plan de gloria a mi encuentro hoy venga.
X. El espejo de la gracia
Enséñame, simplemente, a ser Tu reflejo, sin ser ya el obstáculo de mi propio crecer; que sea Tu Gracia mi único espejo, ¡y el tiempo sea el arte de volver a nacer!