Y para mi suerte,
tus necesidades
eran
diferentes.
Tú no necesitabas
a alguien
melancólico,
nostálgico,
ni mucho menos
a alguien que no
pueda arroparte
cuando
sintieras frío,
si él
no sabe arroparse
a sí mismo.
Lo que para ti
era debilidad,
para mí era
otra cosa:
sensibilidad.
Lo que para ti
carecía de amor,
para mí era diferente:
poseía todo el amor
del mundo.