Si no era amor,
era un vicio que quemaba lento,
porque jamás unos ojos
me llamaron tantas veces
a regresar,
solo para perderme en ellos,
solo para sentir
que en su reflejo
mi alma encontraba
un rincón que nunca supo
que buscaba.
Y así,
una y otra vez,
me descubrí prisionero,
feliz de cumplir condena
en la dulce cárcel
de tu mirada.