Latencia
Han pasado dieciocho horas
desde que te marchaste.
Cada minuto,
observando el túnel de la despedida.
Dieciocho horas
con catorce minutos.
Dejaste un rastro indiscreto.
Ya es de noche
y siento miedo de tu ausencia.
El hambre no tiene cabida,
el café no tiene sentido en la mesa.
¿Cuántas eternidades han pasado?
Duele ver la inmensidad recostada
sobre la temperatura,
desnuda en la incertidumbre.
Hice sonar campanas con tu nombre,
pero borraste el reflejo del eco,
la brújula de tu perfume.
Ah, sí: te has ido.
El reloj sigue navegando como un cisne.
Dieciocho horas y quince minutos,
y, para no creer,
la espera respira por mí.
Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores, Córdona, Argentina.