Desde que llega la aurora
de azul y rojo teñida,
empieza el alegre canto
de la inquieta golondrina.
Yo observo el ir y venir
de esta agradable avecilla.
Volando bajo y certero
me pasa cerca, muy cerca,
y con ingenuo descaro
mientras bañándome estoy,
roba el agua de mi alberca.
Me está construyendo un nido
bajo el ala del tejado,
y yo, imagino al mirarla
que con su emigrar eterno,
en otra lejana tierra
otro igual habrá dejado.
Reina de blanco vestido
con negro manto de cola,
no sé si eres soberana
o una eterna trovadora.