I
A aquellos que dicen y a los que lo crean:
Si quieres la paz
prepara las armas para ir a la guerra.
A los desalmados
que de los rivales, los daños celebran.
Al imperialismo,
a los que implantaron la ley de la selva
a sus semejantes
y los territorios marcan por la fuerza.
A los centuriones,
a los mercenarios de la violencia.
A los que financian
este orden de cosas del que se aprovechan.
A los que confunden
honor y denuedo con palabras huecas.
A los que es odio
lo que en vez de sangre, corre por su venas.
A los temerarios
que cambian sus vidas por brillo de estrellas.
A los radicales,
los de los axiomas y los anatemas.
A los infalibles,
los exclusivistas de credos e ideas.
A los justicieros,
a los que amenazan y a los que condenan
a los diferentes.
A los que permiten que inocentes mueran
y a aquellos que matan
intento decirles para que lo sepan;
II
Que no se merecen siquiera mis miedos;
pues tengo a mi alcance
todo lo que nunca podrán poner precio.
Cada nuevo día,
fúlgido milagro de la diosa Eos;
cuando abro los ojos
y me siento vivo, a Dios agradezco
todo lo que soy;
ya que nada somos sin los sentimientos
y esos no se compran
que son personales y nacen muy dentro;
en el corazón
cuando no es tan solo un órgano yermo;
porque si es fecundo
serán sus latidos ubérrimos versos
sembrando esperanza.
Y allí donde reina la paz de los muertos,
entre tanto caos,
brotará la vida y un mensaje nuevo
que cambie la tierra;
hablará de amor, despertando anhelos
que estaban dormidos.
No habrá plañideras, ni crespones negros
que anuncien los lutos
de gentes que nunca tuvieron derechos.
Y si esto sucede
no pido venganza, Dios se apiade de ellos.
Aun siendo difícil
ojalá que un día sea más que un sueño.