Lentejas, qué detalle,
de repente, Reyes Magos
en este abril, justo
lo que tenía pensado,
la lata aguarda detrás
de los tetrabriks de leche
—ahí seguirá, hasta
la próxima vez que decida
tomar lentejas—.
Me gustan las sorpresas,
más aún si son agradables,
inesperadas, insospechadas,
y me enamoro de la vida
más aún de lo que ya estoy.
Lentejas, en un táper
transparente con tapa azul,
tan elemental como eso,
tan al alcance sea del bolsillo
que fuera, y qué grande,
qué inconmensurable la huella
que deja en los rincones del alma.
Las otras lentejas, que esperen
su turno —quedan a muy buen
recaudo, guardadas herméticas
en una lata ilustrada con fondo
amarillo con un plato de lentejas
ideal, lejano al que después entra—.
Una alegría, una minúscula,
esas que no tienen medida,
esas que justifican el respiro
diario, el esfuerzo placentero
que la vida me es, me fue...