MANO AJENA(2025)
He leído y releído ese truco sin magia,
ese camino donde el misterio
ya viene…
ya viene escrito, sí,
como si alguien lo hubiera dejado listo
antes de que doliera.
Con algoritmos que sudan tinta aceitosa,
y versos con cara de genio
—eso dicen—
pero vestidos de máquina,
con respiración asistida.
Se les siente el olor.
A limpio.
A manos sin sudor.
Ya me sé ese recorrido —
ese que repite,
que regresa,
que insiste en el mismo centro
aunque cambie la entrada.
No hace falta buscar mucho:
basta quedarse quieto
para notar
dónde no cuadra nada…
(aquí uno duda)
o soy yo,
que ya no sé si esto
alguna vez pasó por alguien.
Yo ya pasé por ahí,
cuando los atajos dejaban cicatriz,
cuando escribir era una torpeza
y uno metía la mano igual,
sin saber
qué iba a sacar de adentro.
No esto.
No esto que responde bien.
No esto que encaja.
Así que no me vendas
tu caos ya armado:
he visto cómo la voz se hace otra
cuando sangra,
y no dejan a nadie intacto.
(ni a uno mismo)
Te leo, sí…
no porque me engañes,
sino por esa curiosidad rara
—un poco miserable, si quieres—
de ver a alguien imitar la tormenta
sin mojarse.
Y hay algo ahí… demasiado limpio.
Porque la tormenta
no se imita.
Te cae.
Te rompe.
Te deja hablando solo.
Y mientras tú te haces el poeta,
yo sigo escribiendo mal,
pero mío —
aunque a veces la mano se me vuelve ajena,
aunque a veces
me salga demasiado limpio
y me dé desconfianza—
como todo bardo sin modales,
que no corrige la herida,
ni la deja lista para exhibición,
aunque…
(a veces sí)
aunque a veces la mire
como si no fuera mía
y me pregunte
en qué momento
empecé a parecerme
a eso que critico.