Juan Roldan

TrĂ¡nsito

En mi vida amé y fui amado;
qué más se puede pedir.
Mas nada dura para siempre,
todo tiene un final.

Cruel travesía es la vida:
nace en la luz inocente,
con gloria sueña después,
arde en hogueras intensas
que ascuas un día serán.

Luego llega la espera,
la calma que anuncia el fin.
Naces, sufres y mueres:
no hay nada más que decir.

Quien este mundo recorra,
sin remedio su rumbo seguirá,
y al final, cuando todo acabe,
ya nada importará.

Y sin embargo, en mi pecho
queda un rescoldo encendido:
no es llama, ni es hoguera,
pero da sentido a lo vivido.

Porque con el paso del tiempo
no todo se desvanece;
hay nombres que no se borran,
hay sombras que permanecen.

Fui hombre entre los hombres,
con mis dudas y mis cuitas,
y aunque el final nos iguale
nunca igualará lo que fuimos.