AGUA CORRIENTE
Al correr, el agua en forma de río
o de arroyo de alta montaña se apresura
hacia el mar en un descenso constante,
y tal vez también temerario. Se ensancha,
se adelgaza sin esfuerzo y forma tersas arrugas
sobre la superficie, y se mueve
como una serpiente, enroscándose, enderezándose
en su descenso sin fin.
En su pureza exquisita, en un tramo
se desliza y, en otro tramo,
se cae, de pronto se desmorona.
Nunca, jamás se detiene,
y, ya al borde del remolino,
se deja ir inconsciente.
Es una loca carrera
hasta alcanzar el remanso,
hasta poder estancarse
y aplacarse y terminar.
Gaspar Jover Polo