I
Entre tinta, idea y vuelo,
Leonardo dibujó el pensar,
no solo lo que ve el ojo,
sino lo que quiere indagar.
Su mente no tuvo límites,
ni frontera que señalar,
pues en cada trazo escondía
un universo por descifrar.
II
No fue solo mano de artista,
ni mirada de observador,
fue puente entre lo visible
y lo que aún no tuvo voz.
Donde otros veían forma,
él encontraba función,
y en cada línea trazada
latía una interrogación.
III
La Mona Lisa no sonríe,
sino que guarda un misterio,
una pregunta suspendida
en el tiempo y en lo etéreo.
No es solo un rostro en calma,
ni un retrato sin final,
es el reflejo de lo humano
en su forma más esencial.
IV
Sus máquinas no eran sueños,
eran visiones adelantadas,
alas que aún no volaban
pero ya estaban pensadas.
Entre engranajes invisibles
y bocetos sin concluir,
el futuro se dibujaba
antes de poder existir.
V
Estudió el cuerpo en su secreto,
la anatomía sin disfraz,
buscando en cada músculo y hueso
la verdad que el tiempo da.
No era curiosidad vacía,
ni simple necesidad,
era el deseo profundo
de comprender la realidad.
VI
En el agua veía patrones,
en el aire, dirección,
en la luz, una forma viva
de entender la percepción.
Porque todo estaba unido
en su forma de pensar,
y en cada elemento del mundo
había algo que revelar.
VII
No separaba ciencia y arte,
ni razón de creación,
porque en su mente ambas eran
una misma dimensión.
La belleza no era adorno,
ni la ciencia solo rigor,
eran lenguajes que juntos
daban forma al creador.
VIII
Fue hombre del Renacimiento,
pero también de lo eterno,
porque su obra no se encierra
ni en el tiempo ni en lo externo.
Cada idea que dejó abierta
sigue viva en expansión,
como un eco que no se apaga
en la historia ni en la razón.
IX
No todo lo terminó,
no todo llegó a explicar,
pero en esa incompletud
hay otra forma de crear.
Porque el genio no se mide
por lo que logra cerrar,
sino por lo que deja abierto
para que otros puedan continuar.
X
Leonardo no fue un nombre,
fue una forma de mirar,
una inquietud permanente
que no deja de buscar.
Un espíritu que pregunta
sin temor a no saber,
y que en la duda encuentra
otra manera de ser.
XI
Hoy su legado persiste
en cada mente que quiere ver
más allá de lo evidente
y se atreve a comprender.
Porque en cada trazo suyo
hay una invitación,
a mirar el mundo entero
con asombro y razón.
XII
Así Leonardo sigue vivo
no en cuadros ni en papel,
sino en la chispa que enciende
a quien se inspira en él.
Y mientras exista quien pregunte
más allá de lo normal,
su espíritu seguirá presente
en la búsqueda universal.