Que te sorprenda la borrasca …
después de una tarde de sol.
Huir a prisa de la tronada…
a refugiarse en algún bar de la ciudad,
escabullirse con soltura…
por una estrecha calleja de un fantástico lugar.
Se magnetiza el evento inesperado…
con sublime encanto.
Te acoge ese singular remanso …
en donde se escucha suavemente…
la armoniosa asonancia de un tango que parece gemir.
Un café humeante de sugestivo aroma…
domina el romántico ambiente,
llenando de magia la escena,
ataviando todo de una dulcísima pasión.
Las penas son penas…
y viene casi siempre henchidas de dolor,
las tristezas son difíciles de maquillar,
la nostalgia, aunque llevadera…deja una cicatriz permanente…
que en cualquier momento vuelve a lastimar.
En días de lluvia como esté,
parece que el cielo confabula…
buscando devastarte una vez más,
te inunda el ánimo de lágrimas,
y te entrega fácilmente en los brazos de la desolación,
pero nadie ha muerto de añoranza,
a pesar de la sobredosis que puedas ingerir,
pues, así como la tormenta es intensa…
y parece incansable y violenta,
así también, repentinamente cesa,
y de pronto escampa,
dando paso de nuevo a ese radiante sol.
Mirando tras la ventana al aguacero impetuoso,
sirviéndome sorbo a sorbo mi humeante taza de café…
aprovecho el momento para meditar,
¿y adivina qué?...
¿adivina en quién pienso?...
sí,
pienso en ti,
y en lo bonito que sería si estuvieras aquí.