EL VUELO DEL DIAMANTE
Naufragio en
un ciclón de nubes ácidas
el ojo del trueno
dilata su remolino
donde el eco del nombre
se calcina.
Etéreo
caníbal
cortante
ultramar.
II
Se ciernen
pesadas: bandas
de ocre asfixiante.
Abismos de helio denso
donde un rayo borracho
dicta la sentencia de los siglos
en el vientre de un dios que no duerme
bajo una presión que deforma el tiempo.
Se azotan
raudas: gélidas
lenguas de sombra.
Océanos de escarcha líquida
donde una marea de olvido
ejecuta el destierro de la voz
en colmillos de zafiro errante
bajo un latigazo de vientos negros.
Se arrastran
lentas: espesas
nieblas de ámbar.
Valles de plomo fundido
donde un deseo de fuego
dicta la norma de los espejos
en hornos de luz amarilla
bajo una fiebre de edades amargas.
III
Es un guijarro
en la boca del horno:
una moneda que el tiempo
no logra fundir
donde reman infinitos
unos nervios de polen.
Pulsando y obstinada,
vuela invicta
una libélula de diamante.