Me dio una flor de primavera
y un fruto lleno de dulzura;
me dio las hojas de sus manos
y el rico vino de las uvas.
Me dio la fuente de su río
y el agua clara que brotaba;
me dio la ruta a sus colinas
para beberle toda el alma.
Me dio su mapa con las rutas
para salir de mi desierto;
me dio la clave que esperaba
para explorar todo su cuerpo.
Me dio su fuego incandescente
en medio de mi tosco frío
y fue la llama que no apaga
el buen calor de un suave abrigo.
Me dio una barca seductora
donde navego en mis diluvios;
me dio la luz de la mañana
al verme solo y taciturno.
Me dio la brújula en la vida
para encontrarla en su sendero;
me dio el rubor de dulces labios
como el color de los cerezos.
Me dio la llave de su pecho
para guardar lo que atesoro;
me dio el silencio de las noches
donde gozamos lo que somos...