María de los Ángeles Camacho Rivas

Hombres de lava

A un lado del camino

yaciste derretido.

¿Pudiste atrapar una noción de aliento

para sostener tu cruel e inusitada huida?

¿Te dio tiempo para tragar ese último buche de café

que te esperaba a esa hora como todos los días?

 

Veo tu cuerpo inerte

tapizado en un atrio

de impenetrable polvareda.

Nuestra frustración es que no podemos penetrar

en el panorama que nos persigue con su trágica pena;

simplemente no hay manera

de extraer del alivio una pizca.

 

¿Tomaste de la mano al despavorido

que al escape a tu lado corría?

¿Hubo un segundo para resignarte?

¿La nubehumo nubló tu mente?

¿Fue una trampa del tiempo?

¿Un ardid del azar?

¿Una burla de la confianza?

¿Una derrota de la paz?

 

La explosión que quebrantó

la paz silvestre de ese polvoriento domingo

dejó un interminable estruendo

amargo, violento.

 

Al igual que tú, Guatemala

somos hombres de lava.

a merced de un cataclismo,

o de un radiactivo botón político

que anide nuestro exterminio.

 

Así mismo será en el día del retorno del Hombre:

nadie sabe, nadie sabrá, ni el día, ni la hora.