Alexandra Rojas

No quiero odiarme más

No quiero seguir con mi tortura, he pasado mis años debajo de una hoja de roble pensando y pensando que merezco todo lo deplorable.

Me he desvanecido, y no me he dejado amar, y no he dejado amarme y nunca me amé. Todo el tiempo pensé que, todo lo lindo que llegase a mi vida iba a irse en cualquier momento.

Por lo que inconscientemente \"amaba\" con mucho miedo y egoísmo

\"me va a dejar en cuanto me conozca más, no merezco ser amada\"

pero no fue así. 

Di mi peor versión a ese amor trascendente, saboteé hasta lo más dulce que pude tener en mi vida, un amor genuino, que no juzgaba que no dañaba.

Y aquí estoy... 

asumiendo las consecuencias de la repulsión qué sentía al mirarme en un reflejo, de las palabras pesadas qué recibía de mí misma y de todas las heridas que me abrí en el pecho.

Porque fui yo, yo rompí mi corazón, yo misma despedacé mi alma como ola a castillo de arena.


Fui una avalancha de polvo muerto que ahogó a quienes me amaron a quienes se atrevieron a ver mi realidad, ahora me miro al espejo y pienso...


\"¿Qué he estado haciendo?\"

He hecho daño, llevo toda mi vida aterrada, llena de una paranoia afixiante por el crudo miedo a que me odien, que me dañen, aunque la dañiña siempre fui yo misma.


No debo odiarme tanto,
no quiero odiarme tanto, no quiero odiar el mundo y las piezas de mi ser.


He estado en esta situación varias veces, todas esas veces lloré y me tiré al suelo clamando el por qué me fue mal otra vez, aunque la responsabilidad siempre recaía en mí.

Y ahora puedo verlo, tuve que perderme para tratar de comprenderme.


Y seré honesta, seré tan honesta como debí ser en el pasado, aún no me comprendo, y creo que, es parte de mí no entenderme, nunca me detuve a intentar reconocerme sólo me refugié en mi dolor.

Sólo yo, sólo yo, sólo mis errores, mis lágrimas y mi miedo... Sin permitirme vivir, sin permitirme sentir.

Y me arde el corazón al recordarla y saber que perdí contra mi egoísmo, perdí a quien me amaba sin tapujos, sin apuro, quien esperó por mí, esperó que dejara de estar aterrada y que sin temor la amara.

Estoy dispuesta a seguir y me amaré tanto como debí hacerlo, y seré amor, amor puro sin miedo, sin limitaciones, sin egoísmo, recordaré mis errores, pero no me condenaré a odiarme de nuevo, ya no.