Quizá pasó mientras contabas las grietas del techo
o mientras aprendías a llorar sin hacer ruido
para que no preguntaran.
Quizá la hubo y no la viste
porque estabas ocupado sobreviviendo,
que es una forma muy pobre de vivir
pero una forma muy exacta de no morir del todo.
Quizá no era una salida de héroe.
Quizá era una puerta pequeña,
una rendija con poca luz,
un \"quédate\" susurrado a destiempo,
un plato de sopa que alguien dejó en la mesa
sin preguntar por qué no tenías hambre.
Quizá la hubo y no era para ti en ese momento.
Quizá las salidas no son trenes que se toman o se pierden
sino mareas que suben y bajan,
y tú estabas aprendiendo a flotar
con los pulmones llenos de otras aguas.
Quizá no elegiste destruirte.
Quizá solo hiciste lo que se hace
cuando nadie te enseñó a cuidar algo vivo:
lo dejas en un rincón,
le das agua a veces,
y confías en que aguante.
Quizá la precisión quirúrgica
no era un bisturí en tu mano
sino una mano que te operaba desde fuera
y tú confundiste la herida con el verdugo.
Quizá el ataúd no lo sellaste tú.
Quizá te lo dieron sellado
y te dijeron que era una cama.
Y tú, que nunca habías dormido bien,
diste las gracias y te acostaste.
Quizá la hubo.
Y quizá,
solo quizá,
el hecho de que ahora tiembles
y arañes
y leas esto buscando algo
que ni siquiera sabes nombrar,
significa que la salida
no pasó del todo.
Significa que está pasando ahora,
con una mala dicción torpe y repetitiva,
mientras alguien escribe
y alguien lee
y los dos saben
que el daño es total
pero que estar dañado
no es lo mismo
que estar terminado
Antonio Portillo Spinola @