Alma Eterna

Dónde mueren las palabras

*El eco que no llega*

 

Al vacío de las palabras  

que no han encontrado un eco,  

más solo una pesada carga,  

de aquellas que quiebran el alma  

al momento del flagelo.  

 

Culminada entre esperanzas y revueltas,  

nada queda descifrado,  

nada calla,  

todo espanta.  

 

El alma llora el desconsuelo  

de lo imposible de olvidar:  

el sollozo de las penas  

que acumulan en su espera  

lo que no puede sanar.  

 

El corazón retuerce el sufrimiento  

que ortiga el pensamiento.  

 

Olvidados los que quedan,  

ya amargados en la vida  

y su espera terrenal.  

No existe un juego  

que acostumbre a perder  

entre la espera  

y lo paciente  

que se vuelve el indolente  

que no sabe respetar.  

 

Es la misma incertidumbre  

que repara con suspiros  

el viejo corazón,  

ya cansado de lamentos y promesas,  

de instancias que atraviesan  

el vaivén de la quietud.  

 

Es el llanto de lo cauto y pasajero  

que se vive en este duelo,  

que ha de ser lo más fatal.  

 

Suspirar por delirios,  

de los celos  

que aprietan el cerebro  

y corazón.