Gabriel Hernán Albornoz

Hay un alguien

 

Hay un alguien 

 

Recuerdo aquella tarde azul,

cuando cambié el calor del verano 

porque la calidez la ponías tú.

Fue con el sol ocultando,

algo nuevo sacudió la quietud,

en nuestros pechos gravitando

el amor nos bautizó con virtud.

 

Vuelvo atrás el recuerdo, 

lejos, pero no se olvida su luz,

la vida se estaba manifestando

poniéndome delante el destino y tú.

Él me enseñó tu forma de amar

y entendí que estaba a tu lado.

 

Pero de la misma forma nos separó

y una herida dolor hizo sangrar.

Desde tan pronto plomizo se volvió,

desde tu falta, todos los días helados.

 

La soledad que siento no la decidimos,

lo que nos aleja también te pone triste.

Es otro quien el corazón nos divide

que una vez fue solo compartido.

 

Nuestras lágrimas mojan por los dos.

 

El rocío dulce de tus labios daban la vida,

llenaban este vacío que otro eligió,

que tan temprano en nuestra historia

involuntario habita con fuerte presión.

Acabábamos de descubrir lo dulce,

rápido tocó degustar horas insípidas.

 

La luna que nos prometimos

esta noche no ilumina,

solo daba luz por este amor

que la soledad a cambio se llevó

y no me cambió por nada.

La arrancó de mis noches.

 

Cuando llega la claridad del alba

el sol se sienta sobre el tejado en ayunas,

no quiero que con luz me de nunca,

solo quiero sobre mí tu mirada,

la lumbre que el soplo del odio apagó.

Y el mal en la profundidad de ese alguien

la tempestad insufló en nuestros adentros,

agitando el mar cuando estaba sereno.

 

Debemos buscar una ventana

para cautelar nuestros espíritus.

Ese alguien nos acecha y es externo.

Y ese abismo que torna todo oscuro

no debe espejarse en nuestros minutos,

debe ser nuestro el añil del cielo

 

Autor: Elhen Amorado