La vida se estremece
a cada surco de una luna colonizante,
en el crepúsculo,
junto al graznido de las olas
la labor se va volviendo traslúcida
y también, por momentos,
inerme hasta el estado comatoso.
Dicen los que viven sin cordura
que la guerra pronto volverá
a someternos dignidad,
huesos, sangre y polvo
porque provenimos de las estrellas
y a ellas retornamos al morir.
Esta inmensa crispación
me hace desear conversar con el Oráculo
y hacerle preguntas de Esfinge a Esfinge:
-¿Quién soy yo?
-¿Qué vine a hacer aquí?
-¿Por qué siento a veces
que no pertenezco a este mundo?
Las respuestas tal vez
no son las que espero
pero si las que la otra Esfinge
necesita de mi.
Hay tanto lodo y fango
que al hundirme en las marismas
me vuelvo nocturnidad y celosía.
OLLIN
14/04/2026