Juan Iscar

ERA UNA TARDE EN ESTUDIO

Era una tarde en estudio,

cuando el silencio se oía.

Don Federico custodia

las clases mientras leía.

Detrás de la puerta abierta

aquel zagal se escondía

haciendo muecas y gestos

por cortar la paz que había.

De repente un ruido brusco,

seco, vibrante, rompía

aquella balsa de aceite

que se alzó en algarabía.

Todos buscaban la fuente

de aquel estruendo que abría

el negro pozo del tiempo

donde educación no había.

Pensó romper el pupitre

al que en abrazo cogía

y era la colosal fuga

de la presión que tenía.

A mi lado Domiciano,

conteniéndose, mordía

un grueso libro de historia

y la muleta blandía.

La hilaridad general

apenas se detenía

ante la grave presencia

del director de La Guía

que con léxico exquisito

muchas cosas le decía.