Oyendo del ayer viejas canciones,
tu nombre se aparece en mi memoria;
y siento que revive aquella historia
que un día nos llenara de ilusiones.
Escucho en sus soberbios diapasones
las risas que vertías por tu euforia;
sintiendo del placer la dulce gloria
que sienten dos amantes corazones.
Sus notas, que se esparcen en mi mente,
penetran del recuerdo su escondrijo;
y arrancan el suspiro vehemente
que lleva de ese tiempo el regocijo;
y miro en tu divina y blanca frente
el beso que de amor te dio cobijo.
Autor: Aníbal Rodríguez.