En cuántas canciones
puedes encontrarte con la misma persona,
como si el universo, cómplice,
repitiera su nombre entre acordes,
entre versos que no escribí yo,
pero que llevan tu voz escondida.
En cuántas melodías
se esconde tu risa,
en cuántos coros tu mirada,
y en cuántos silencios
el eco de lo que no dijimos.
Quizás el amor sea eso:
volver a hallarte en cada nota,
como si todas las canciones
fueran solo distintas formas
de decir tu nombre sin nombrarte.