Antonio Portillo

La herida con buena dicción. ( Sin salida )

 

​Ya no te queda el consuelo de que alguien llore por ti.

Esa lágrima se secó en otra mejilla

porque nadie espera eternamente a un muerto que camina.

​¿Dónde estabas? No solo mintiendo.

Estabas cavando el agujero donde ahora te sientas,

puliendo el vidrio del espejo para no ver las grietas,

hasta que el reflejo se volvió un extraño

al que ya no te atreves a saludar.

​Te convenciste de que la podredumbre era \"madurez\".

Que estar vacío era estar a salvo.

Pero no eres un fuerte, eres un cobarde con un léxico envidiable.

Llamaste \"paz\" al silencio de los que ya no te buscan,

y \"armadura\" al frío que te está devorando los huesos.

​El cuerpo no solo recuerda;

el cuerpo cobra las deudas.

Y esas noches en las que algo golpea desde dentro,

no es un animal buscando la salida.

Es lo que queda de ti,

arañando las paredes de un ataúd que tú mismo sellaste

por miedo a que alguien viera que aún sangrabas.

​No estás esperando tu turno.

El turno pasó hace años mientras ensayabas tu indiferencia.

​Así que no empieces \"aunque sea\" con una lágrima.

Empieza aceptando que el daño es total.

Que no hay nada intacto.

Que esa mano que tiembla no es por el esfuerzo,

sino por el terror de saber

que siempre pudiste salvarte

y elegiste, con una precisión quirúrgica,

destruirte despacio.

 

Antonio Portillo Spinola @