Luis Erick de Jesús Ávila

Sin sombras.

Cuando la noche se quiebra

en el llanto del cansancio...

nos preguntamos

si de verdad somos afortunados:

de vivir tanto y morir en un rato.

 

Porque, cuando nos callamos

en medio del verso:

de la soledad del terciopelo

con el cabello en el pecho...

Dios llora por vernos muertos.

 

Si en verdad nos importara la vida,

valoraríamos más las flores perdidas.

 

Mientras el mundo gira sin detenerse

mis versos no florecen:

se desangran en cada batalla.

 

Mi cerebelo no tiene sangre,

por mis venas corre la tinta,

mi corazón no bombea

y mi piel, se ha vestido de su propia piel.

 

A veces en mi esquina:

en la locura de un falso Romeo

me callo y solo veo,

el poema hecho en risa.

 

Un solo poema de Neruda:

aplaca mi locura

de perder la poca cordura,

que poseo en cada una

de mis partituras.

 

Porque infinitamente roto, estoy;

no por quién soy...

sino porque harto estoy,

hacia dónde voy.

 

Estar solo es triste para la mayoría:

pero en poesía...

aunque nadie lo sepa

es mejor de lo que piensan.

 

Porque es una cárcel del abismo:

el ser mismo...

se quiebra como cristal

llorando su malestar.

 

Porque es difícil querer parar:

cuando hay soledad...

que solo piensas en terminar 

con un final lírical.

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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