Permanecer
A veces me detengo a pensar
en ese momento en que ya no esté,
cuando mi nombre deje de pronunciarse
con la misma frecuencia de ahora,
cuando mi presencia sea apenas
una sombra suave en la memoria de alguien.
Me pregunto si mi risa,
esa que a veces brota sin aviso
y otras se esconde detrás del silencio,
seguirá viviendo en algún recuerdo,
si alguien la escuchará en su mente
sin saber por qué aparece.
Pienso en mis manías,
en esos pequeños gestos que me definen
sin que yo los note del todo,
en la forma en que me enojo,
en cómo frunzo el ceño
cuando algo no encaja en mi mundo.
¿Habrá quien recuerde eso?
¿Habrá quien sonría al pensarlo?
Tal vez un día, sin querer,
una canción suene en algún lugar lejano,
y en medio de una tarde cualquiera
alguien se detenga un segundo,
sienta algo leve en el corazón
y no entienda que soy yo,
colándome en su memoria
como un eco que no pide permiso.
Tal vez no importe.
Tal vez todo esto sea solo
una forma de querer permanecer,
de resistirse a la idea
de ser apenas un nombre
que se desgasta con el tiempo.
Porque al final, quizá eso somos:
nombres guardados en otras vidas,
historias breves en la mente ajena,
fragmentos que se diluyen
como tinta en el agua,
esperando desaparecer sin ruido.
Y aun así,
qué bonito sería quedarse un poco más,
no en el mundo, sino en alguien,
ser ese pensamiento fugaz
que cruza la mente en un instante,
sin aviso, sin razón aparente.
Ser la memoria que aparece
cuando la noche se vuelve silenciosa,
cuando el pasado toca la puerta
y pide entrar sin hacer preguntas.
Qué bonito sería
que, incluso con los años encima,
cuando todo haya cambiado de forma,
alguien recuerde algo de mí—
no todo, no perfecto—
solo lo suficiente
para sonreír un segundo.
Quizá en un gesto,
en una palabra repetida,
en una canción que no se olvida,
en un momento pequeño
que no parece importante
pero guarda mi esencia.
Y entonces,
aunque ya no esté,
aunque mi voz no exista
más que en ecos lejanos,
seguiré siendo algo,
aunque sea mínimo,
aunque sea breve.
Un pensamiento.
Una risa recordada.
Una emoción que regresa sin nombre.
Y tal vez, solo tal vez,
eso sea suficiente
para no desaparecer del todo.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Noviembre, 2023.