BAJO EL PUENTE, DANZA EL ALMA
Bajo el puente de asfalto y concreto,
donde el tráfico nunca duerme,
camiones y autos dibujan sombras,
un río metálico que atraviesa la ciudad.
Pero allí, en la penumbra, surge otro mundo:
melodías andinas se enredan con el humo,
ritmos que llaman a los pies y al corazón,
a la danza que no conoce horarios ni límites.
Manos que dibujan historias antiguas,
pies que golpean el suelo como tambores,
cuerpos que giran, saltan y se inclinan,
sin trajes de gala, con la ropa de todos los días.
En Pachacútec y Libertadores,
la música late con fuerza propia,
mezclada con el rugido de la ciudad,
con el aroma de tierra húmeda y carbón.
Cada paso revive tradiciones olvidadas,
cada giro es un abrazo a nuestra tierra,
cada gesto recuerda que seguimos aquí,
resistiendo con ritmo, alegría y memoria.
Bajo el puente, en la noche cusqueña,
la danza no pide permiso ni escenario,
es vida que vibra, alma que se eleva,
un recordatorio de que nuestra cultura
respira, late y camina con nosotros.
© Corazón Bardo