Me dueles aquí en el alma,
vas en contra de mi imperio;
tu aroma guarda el misterio
y tu fantasma la calma.
Fui en busca de una respuesta
para el dolor que concibo,
con palabras lo describo:
esta ausencia me molesta.
Para replicar tu imágen
decidí hacer en perfume,
la belleza que se exhume
en la piel; por una virgen.
Atrapé trece almas bellas
y yo les arranqué el viento
que aromatizaba el tiempo
eran tan lindas y tiernas.
Después de eso fui viajero
recorrí ciudades y pueblos,
anhelando mis deseos;
morir en la voz de un jilguero.
Melancólico yo andaba
añorando su belleza:
refinada y de realeza
pensarla me atormentaba.
Nunca quise lastimarla,
quería probar su aliento
ese que por allí siento
en mis sueños quise salvarla.
Ahora que no la tengo
me tengo que conformar
la fantasía de amar;
la locura que mantengo.
Y solo queda la historia
del asesino de mujeres
quien en los atardeceres
quiso plasmar en su memoria.
La mujer que lo enamoró;
tan solo su dulce aroma
y de quién nadie lo toma
en su olfato lo embriagó.
El perfume que sometió
a las personas de un pueblo;
con la mente de un tinieblo
acto de amor que arremetió.