Mírame sin miedo,
quizás sin sentido,
pero mírame.
Sumérgete en mis ojos
y navega la oscuridad de mi mirada.
No tengas miedo.
Enciende el faro de tus promesas,
aliméntalo con el amor que profesabas.
No tengas miedo si tu luz,
poco a poco, se extingue;
si tu amor, gota a gota,
más que avivar, sofoca.
No tengas miedo...
Si mis tinieblas te abrazan,
tan solo aparta la mirada
mientras mis aguas se derraman.