Mil vaggio

Lucia.

 

 

¿Por qué Lucía, se preguntarán? Sucede que Lucía, la de la canción de Lucía de Serrat, ha reencarnado. Conozco a esa Lucía, sé por ojo propio que anda por las calles de la ciudad, que es un alma errante y austera. Yo no creo que busque el amor, no vive en guerra con su soledad. Lucía es pequeña y de cabellos negros, ojos profundos y callada más que un pozo lejano. Hay en su mirada una noche tersa. El amor para ella tiene que ser un conjuro mágico, tiene que aparecer de pronto como un acontecimiento espontáneo, entrar por los ojos y de ahí ir por cada centímetro de piel, por cada rincón del alma, subir y recorrer cada fibra de sentimiento. Debe ser un milagro o una chispa inesperada que encienda un campo en medio de la primavera. Sí, Lucía lo sabe, sabe que su corazón solo debe despertarse ante un abismo que no sea de este mundo, que mantenga una conexión más allá del cuerpo y el deseo. Lucía, la mujer indómita e indescifrable, fuego y luz, hierba y tierra, la mujer que soñó el amor.