Cuando me pregunten por amor,
no sabré explicarlo…
diré tu nombre.
Hablaré de tu sonrisa,
como quien recuerda un lugar
al que siempre quiere volver.
De cómo me hacías sentir,
cómo encontré la felicidad
en el borde de tus labios.
Que eras cabezona,
que entenderte era perderse,
y aun así…
siempre quise quedarme.
Que te enfadabas con el mundo
cuando nada salía como querías,
y aun así,
yo te veía preciosa…
cuando menos lo esperabas.
Porque lo tuyo nunca fue solo belleza.
Era la forma en que rompías
y aun así abrazabas,
la manera de cargar con miedos
que ni siquiera eran tuyos.
Reías cuando todo encajaba,
y sin darte cuenta
me hacías sentir en casa
aunque no hubiera ningún sitio.
Encendías lo que estaba apagado,
hacías que todo volviera a importar.
Y entonces lo entenderán…
que si el amor existe,
responde a tu nombre.