La leyenda de la pechugona
Cuenta la historia entre mitos y leyendas, qué una noche de parranda de danzas y bailes eróticos y sensuales, en una cantina de mala muerte, un hombre ávido de pasión, encontró la mujer querida de sus amores
Con sus tragos a cuestas, la veía hermosa y pechugona, con las fragancias de sus ardientes calores
Cómo todo un bello arcoíris de sus horizontes con las gotas de lluvia de los soñadores
Y esa noche oscura, aquella mujer extraña se lo llevó con sus risas y miradas de fogosidad a un tenebroso y oscuro desfiladero y allí se arrancó las enaguas, sin miedo, sin tapujos, con el ímpetu de su lujuria, sin la confección de los pecadores
Y sobre el borde del precipicio, aquel hombre ávido de amor, vio el cielo lleno de estrellas con sus fulgores
Y la soga macabra y siniestra de la pasión con el furor de los clamores
Y entre sombras y oscuridades le dio de beber su pócima y su brebaje y quedó en un letargo de somnolencia profunda, de miedos y pesadillas agotadores
Sentía que volaba el encorvado y ojeroso hombre por el acantilado hacia lo profundo de lo oscuro y tenebroso abismo, cómo si el alma se saliera llena de escalofriantes temores
Ya con el sol acuestas de la alborada, amaneció lleno de rasguños y arañazos profundos y sangrantes, qué ardían al escurrir sobre su maltrecho cuerpo, los ríos de sudores
Y allí al filo del desfiladero, sólo quedaron sus enaguas y sus olorosas fragancias que desprendían afrodisíacos aromas de sus interiores
Turuleco y meditabundo, ojeroso y cadavérico, se recostó sobre una laja de piedra, nervioso, pálido y lleno de temblores
Sin fuerzas y agonizante, al caer la tarde llena de arreboles encantadores
Sintió aquel hombre nuevamente la presencia de aquella mujer extraña, qué danzaba a su alrededor, desnuda, con delirio y frenesí, sin vergüenza y sin pudores
Le dio de beber otros brebajes rancios y fétidos en vasijas dónde se sirven los aguardientes, cervezas y licores
Se le encaramó sobre su frágil humanidad y lo asfixió con los pezones inmensos de sus volcanes, qué escupían lava ardiente de suplicios aterradores
Cuenta la leyenda que allá arriba en aquel alto, al filo del desfiladero, se ve y se siente la presencia de una mujer gorda y pechugona, arrastrando a un hombre flaco y encorvado, entre neblinas y sombras de silencios abrumadores.
\"Joreman\" Jorge Enrique Mantilla - Bucaramanga abril 05-2026